Nuestra historia

Más de siete generaciones dedicadas al olivar.
Una historia de familia, esfuerzo y respeto por la tierra.

1850

Todo comenzó mucho antes que Olvero.

Nuestra historia no comenzó con una marca, sino con una familia. A mediados del siglo XIX, nuestra bisabuela Elena García Morón heredó el molino de aceite de su padre, Juan Manuel García. Desde entonces, el olivar ha formado parte de nuestra vida generación tras generación.

1945

El hombre que hizo crecer un legado

Durante buena parte del siglo XX, nuestro abuelo Ángel García Morón dedicó su vida a cuidar y hacer crecer el legado familiar. Bajo su impulso, la almazara se modernizó, el olivar siguió expandiéndose y muchas familias de Arjonilla encontraron en él una forma de vida.

Pero, por encima de todo, nos transmitió algo mucho más importante: que el olivar no es solo un cultivo, sino una responsabilidad con la tierra y con las generaciones que vendrán.

2009

La llamada que lo cambió todo

Poco después del fallecimiento de nuestro abuelo Ángel, José Luis heredó una pequeña finca de olivos. Cuando llegó la primera cosecha, llevó su aceituna a una de las almazaras más reconocidas de Jaén.

Aquella misma noche recibió una llamada inesperada: su aceite era extraordinario.

Aquellas palabras le emocionaron profundamente. Al día siguiente decidió envasarlo como homenaje a su padre y compartirlo con familiares y amigos.

Sin saberlo, acababa de dar el primer paso hacia Olvero.

2010

Así nació Olvero

Mientras estudiaba diseño en Madrid, Miguel comprendió que aquel aceite merecía una identidad propia. Así nació Olvero, un nombre que une Olivo y Envero, el momento en que la aceituna alcanza el equilibrio perfecto para producir un aceite excepcional.

Poco a poco, el proyecto fue creciendo. Mercedes asumió la gestión, José Luis comenzó a elaborar su propio aceite y Olvero empezó a llegar a más hogares.

Todo con una misma idea: compartir el mejor aceite que sabíamos hacer.

2026

El legado continúa

Hoy, Olvero sigue siendo un proyecto familiar. José Luis continúa guiando el cultivo y la elaboración del aceite, compartiendo toda una vida de experiencia con Juan, que ha vuelto a Arjonilla para continuar este legado.

Mientras tanto, Miguel sigue construyendo la marca y contando nuestra historia.

Siete generaciones después, seguimos haciendo las cosas como siempre hemos creído que debían hacerse: con respeto por la tierra, por las personas y por el aceite que llega a vuestra mesa.

No heredamos un negocio.
Heredamos una manera de entender el olivar.